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ESPUMA DE RABIA
Autores Varios
Género: Poesía
Ediciones La Creciente
Año: 2004
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RESEÑA
Prólogo
de los editores
Las
preguntas que subyacen a la edición de una “antología
de nueva poesía cordobesa” son dos. En primer lugar,
nos podemos preguntar si existe algo así como una poesía
cuyo estilo, o temática, o tono, pueda definirse exclusivamente
como cordobesa. ¿Qué espera de los cordobeses el resto
del país?. Espera referencias al cuarteto (poesía
popular cordobesa, según nos informan) por un lado, o a la
mitología griega o romana o de donde sea (Córdoba
la Docta), por otro. La respuesta es no. No existe, por lo menos
aquí, una poesía cuyos rasgos se diferencien de la
producida en otras provincias. La misma diversidad de los autores
elegidos, con propuestas que van desde el haiku a la poesía
pop, desde apuestas narrativas a poéticas minimalistas, dan
cuenta de que lo único que comparten entre sí es la
pertenencia a un lenguaje más amplio que el castellano, a
un dialecto más rico que el que pueda hablarse en esta zona
del país. El idioma en común de la poesía.
Por otro lado: ¿Qué es la ”nueva” poesía?
¿Existiría una “vieja” poesía que
esta viene a cuestionar? Buena pregunta para crearnos un problema,
en una ciudad y una provincia con una larga tradición
poética. Esta nueva poesía no escribe en contra de
la vieja. Escribe, para decirlo con certeza, al lado. Convive con
el rock, el afiche publicitario, la mezcla de registros y de estilos,
los resabios vanguardistas del siglo pasado que continúan
carcomiendo el sosiego y las bellas letras.
Lo que los agrupa, por lo tanto, es una manera distinta de encarar
la poesía. Ya nadie se sienta a escribir un poema con el
proyecto firme de llegar a la esencia de las cosas. Hay percepciones
discontinuas del mundo, hay malestar, hay el sopapo de la crisis
que replantea el hecho poético desde sus bases, hay rabia.
Ese es su rasgo distintivo.
II
El animal tiene sed.
Primero busca beber en donde lo hace habitualmente: un cuenco reconocible
con el paso del tiempo.
Luego abrirá una a una las puertas de la alacena, cada lata,
cada caja de ese patio, continente sin respuestas, esto es, lamerá
la punta de la manguera, olerá los últimos rincones
con humedad: debajo de las plantas más grandes y en vertical
a la soga de la ropa.
Más tarde que temprano, llegará la locura.
El animal tiene algo para decirnos. Algo que excede la relación
que hasta ahora tenía con los otros. Algo que excede su capacidad
física de expresión.
Ya no agua, ya no patio, ya no bobby bobby bobby que escuchar ni
manitos que reconocer.
Al final, ya lo sabemos, llega la espuma.
Alejandra Baldovin, Alejo Carbonell, Luciano Lamberti
TEXTOS
Y AUTORES
Juan
Cruz Sánchez
Mayo.
Domingo asfáltico.
Tiemblo
de frío.
La puerta se cerró
del lado de afuera
El
café frío.
La ventana abierta.
El teléfono callado.
Cae
la tarde.
Miro al espejo.
Cae la voluntad.
Cambio
de almohada.
Da igual.
Hay una de más.
La heladera vacía.
La cama también.
El inodoro no.
La
almohada en el piso.
El control sin pilas.
Tan domingo.
El
timbre no suena.
El teléfono tampoco.
Paro general.
Miro
las humedades del techo.
De repente
están en mis ojos.
Agarro
el teléfono.
Intento convencerme
que aún es posible.
La
primer visita
en toda la semana.
Una paloma
Cansado
de descansar.
Decido levantarme.
No se para qué.
La
etiqueta vacía.
La gaseosa sin gas.
No me parece cómico.
Escucho
el timbre.
Me ilusiono en vano.
Maldito vecino.
Abro
las persianas.
Aún de noche.
Aún domingo.
El
piso helado
La vejiga llena
El baño tan lejos
Olor
a ginebra
Vómitos en el piso
¿Fue anoche?
Llueve
de nuevo.
Aunque no recuerdo
si había parado.
Desde
mi almohada
descubro la farsa
de los portarretratos.
Amanece.
La TV prendida.
Los ojos aún abiertos.
Asqueado
de la cama.
De almohadas y sábanas.
Me acuesto en el piso.
Sueño
que muero.
Reacciono de golpe.
No es un sueño.
Miro
desde el balcón.
Un nuevo suicidio.
Esta vez mío.
Juan Cruz Sánchez: Cordobés del ’79,
Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Trabaja en una
agencia de publicidad. Vivió en Osaka, Japón, durante
un año.
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Paula
Soruco



Paula
Soruco: Jujeña nacida en el ’83, vive en Córdoba
desde el 2001. Además de participar de un taller literario
estudia psicología.
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Eloísa Oliva
en
el orden exiguo del domingo
acumulo nombres como figuritas
como un lego, intento desarmarlos,
las manchas de silencio en el piso
me empalagan
el
paso del tiempo sobre una misma calle
la distancia entre estas casas
y estas mismas casas
hace siete años
todo el tránsito, dónde queda
la impresión de mis vísceras golpeadas por el cielo
tormentoso sobre las sierras
el estadio
el puente
un auto
¿dónde estaba yo entonces?
¿qué se mueve:
el
espacio?
el tiempo?
uno mismo?
la ciudad con palmeras y carteles
y túneles.
hay perfume en el aire temprano de esta noche de diciembre
el abrigo inconexo del albino mendigo
las flores, los breteles
su voz en los semáforos
la luz del semáforo sobre el parabrisa
la chapa que separa al albino
del empresario que conduce
la materia inconsistente de mi olvido
las formas que ahora encuentro en aquello
que olvidé.
bajo las ruedas,
en este día mediano de un diciembre mediano
gris, el tiempo,
que me lame la cara
una
y otra
y otra vez
la televisión prendida en la casa del vecino
y otro vecino
aficionado a los guisos
hace que se mezclen en el living
el olor del guiso y el del
raid
las ventanas salpicadas por la lluvia
el olor del tiempo en la tela del colchón
el óxido desparejo
en los marcos de metal
el paisaje inmóvil detrás
de la ventana
la conciencia del día
informe y recortado en
la conciencia de otros días
informes y recortados en la conciencia
de otros días
informes
como cadáveres venideros, y yo,
que me muevo como una anguila
entre los temporales
guacha quiere decir sin madre,
del quechua haccha que quiere decir
pobre
en México: provinciano
en Argentina expósito, huérfano,
desmadrado
qué es lo que quieren decir
entonces
cuando me gritan guacha de mierda
cuando camino
por una calle
que no sé ya adónde
pertenece
la
capital está lejos de las tumbas propias
gaucho
quiere decir jinete
de la pampa de origen
indio
español
gauchita mujer hermosa
o al menos bien
parecida
gauchada
servicio o favor de buena
voluntad
¿por qué entonces a mí -que soy una de sangre
europea revolcada en sangre
europea-
exigen tanta gratuita amabilidad lugareña
si mi belleza no alcanza
para que me apoden “gauchita”
y apenas soy una cría
maldecida por sus vecinos?
el
aire es salino en la noche de verano
el ventilador disipa
la transpiración
adivino temblores y el estómago
lleno de ácido
vuelve
como un maremágnum de asco
sin objeto,
la
maquinita de hacer volar en pedazos
a las cosas
el mecanismo del silencio
el
discurrir
traslúcido entre las cosas
y sus sombras
es esto lo que crece.
o es todo que se achica.
Yo. tan igual a mi madre
siento el carbón de sus huesos en
mis huesos
siento la costra densa de su olvido
en mi organismo
el desorden antagónico
que tiembla
que corroe
y el movimiento es todo esto
y nada
nada
nada más.
no
hay más orden acá que el de mi cuerpo
precedido de otros cuerpos,
que el de la carne a 40 grados en la atmósfera
que el de las moscas en su vuelo circular.
no quedan sustantivos para enumerar,
tampoco
para sustraer.
cada pieza se vuelve un enemigo,
Eloísa
Oliva:
Del ’78, nació en Bs. As. y se siente medio neuquina,
medio cordobesa. Estudió Comunic. Social, trabajó
para la televisión, colaboró en Fe de Rata y en el
Betatest. Reside ahora en Bs. As. en donde estudia cine.
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Diego Monsalvo
pistola
una
vez cayó al agua un revólver de metal pesado
parecido a los de verdad
lloré mucho
mi abuelo calzó sus botas rastrilló toda la cuneta
lo encontró al rato
cuando el revólver me vio
no paraba de llorar
Crece
un jazmín entre la lechuga en el campo
el becerro puede que lo coma
el caracol no conoce la diferencia entre una cuna y una cama
para él es todo lo mismo?
de poderlo usar necesitaría un reloj?
viste a un caracol bebé junto a su madre?
El
policía tiene un perro se llama rayo duerme en un pozo oscuro
Dentro de la casa hay una buena luz paro el perro se ubica debajo
de la mesa
También suele subirse al techo de tejas
No tiene cama tal vez no tuvo cuna
El policía no brilla es un cerco lleno de yuyos donde su
perro mea seguido
él olfatea a sus vecinos con dinero y les manguea lo que
puede
igual que su perro rayo
La
madre del policía prepara la lechuga sin lavar para la leche
están sucios como las paredes.
Crece
un jazmín entre la lechuga en el campo
El caracol come la lechuga
El becerro come también
El
jazmín está más grande
a su lado crece otro mañana dará una flor
El
policía no regala flores las roba.
son para su madre?
Diego
Monsalvo: 33 años, es de Santa Eleodora, Pcia. De
Bs. As y vive en Córdoba desde hace 5 años. Estudió
Bellas Artes, diseño en comunicación visual, guitarra,
teatro
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Marcos
Sánchez
8
microscópico,
no se detiene
ante la inmóvil carne,
engulle retazos de huellas, de labios,
lo inexacto,
lo
molesto de las sobras.
26
restos
de vaginas y senos
desparramados lejos,
a una bestia sin olfato.
27
evitando
la tortura
de ser devorado en una sola siesta
11
gesto
final de cerraduras,
perfume en los pulmones
ecos en mi tumba
y quemaré la siembra dorada
con pies de barro.
Marcos Sánchez: Nacido en el 79 en San Francisco,
dirigió allí el Centro Cultural Moras y mojarritas.
Artista plástico ha publicado textos en libros objetos. Actualmente
vive en La Quebrada.
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Esteban Catoni
I
El niño de sal lloraba en las lejanías de su sueño,
Entre párpados melosos de sangre precoz,
El niño lloraba por donde sale el sol,
El niño, y su sal, compuesto inerte de dignidad altiva.
En los pueblos de abajo, las estrellas estruendosas de ambición.
En mis pueblos, el infierno casi ciego.
En mis infiernos, el niño de sal me presta su ilusión.
Y nos esparcimos líquidos por el cauce de lo inevitable.
Arremangados, descalzos, enarbolando seguros el mundo sin razón.
Oh, ¿pero es este soplo tu gemido desenfrenado?
Madre, María, Mater, dame calor en las oscuras corrientes
del porvenir.
El niño de sal lleva un ojo, yo dos, y nos rodean millares
de testigos,
Atestiguando en los fragmentos de una historia unificada.
II
El Amante de la Tierra, blanca tierra.
El que divide la Tierra, con surcos de lágrimas perdidas.
Lo que se ha dicho, es vida.
Lo que no se ha dicho, es muerte.
Sin embargo, hay que pronunciar la palabra que es Vida y Muerte.
El que ha visto su figura degollada en los pastizales del recuerdo.
El loco, en el brebaje translúcido del porvenir.
En el íntimo resplandor del ocaso, la vacua plenitud en unión
de las fuerzas.
Las preguntas buscan su origen, las respuestas su fallecer.
El Amante, en su intimidad añora perforar el lodo con su
carne.
¡Oh!, nuevamente carne, lodo perenne de gracia infinita.
Si nuestras carnes no vuelven a enfundarse,
entonces el beso quedará hueco en el silencio no expresado.
Esteban
Catoni: Nacido en el ’77 en Carlos Paz, estudió
diseño gráfico y artes plásticas, publicó
en antologías de Ed. Nuevo Ser, Bs. As., en 2003 y 2004.
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Manuel
Villafañe
Dejo mensajes bajo tu puerta,
no contestas
dejo mensajes bajo tu puerta
contestas,
ya no dejo mensags
en la puerta equivocada
juegan
en un jardín
las moscas y las aves
bailan las hormigas comiendo carne
el
poeta no piensa relaciona las noches
nada
el cielo /entre/ las nubes
escribe la mirada el azul en su pecho
mira hacia arriba, la noche.
laguna
de estrellas
juega sola en verdes
la tristeza se planta,
y nace una flor en medio del aire
planta un sueño
crecerán cerebros con hojas,
riega los tiempos
florecerán segundos precisos
disparando agujas con resortes
gritando
puntual!
puntual!
ocupe
el lugar 21:05
inicia
la vida en partes
uniremos la muerte con engrudo,
el cajón será preciso
para ocultar el cuerpo
Manuel Villafañe: Nacido en el 84, en Bs.
As., vive en Carlos Paz desde hace doce años. Estudia Arquitectura
y no realiza actividades vinculadas a la literatura.
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Carlos Godoy
La
palmera de cabellos
Un ojo lloroso, que brilla mucho
Una madre muerta
Un grito homofóbico
Un delirio, una lista
Un sol eclipsado
Un forúnculo con pus
Las calles
Las veredas
El sueño
La huerta de desnutridos
El niño que llora
La escritura al grado cero
El compromiso
La maga
Evaristo
Lavalle
Bolívar
Raúl Mario Godoy
Doña Práscedes
Miguelito
El cáncer
La sangre
El dedo gordo
Mi boca
Un diente
La muela
El dedo sin uña
El grito mudo
La moneda de cobre
La luna
El San Martín duro
Un ángel gris
La poesía
La Marimba
La viuda
El huérfano
El adoptado
La naranja
La
sandía
El abuelo que no está
El viejo que se pone viejo
La úlcera de rabia
La vísceras llenas de mierda
Un chico guapo
Una clínica
Un farmacéutico
Una muestra
Un apunte
Una materia
Materia gris
Materia fecal
Un loco
Una loca
La mosca
La inmiscución terrupta
El flato
El Bayles
Mi cumpleaños
El fuego
El sexo oral
La mañana
La
fiaca
El olor a pata
El cepillo de dientes
El cepillo del inodoro
La peluca
La pelada
La frente brillosa
El libro diario
El final tobogán
El desarmadero de sueños
Choque de Carros
El eterno fin de la cueva
Las plantaciones de desnutridos
La condena a la burbuja
La paradoja del ser
La noche en la cama calentita
Las caras sucias de los carros
La lucha por el cartón
Los treinta años perdidos
Carlos Godoy: Cordobés del ’83, estudia
letras modernas en la UNC y es coordinador de la casa de cultura
La Marimba. Saer dijo de él: “no sé quien es”.
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Agustín Privitera
I
Mientras
duda entre el café o la naranja
Dibuja con el dedo las líneas
En la humedad de la ventana
No hay ideas
Sólo el frío de las seis de la mañana
El olor a tostadas
La
luz a su vez
Delimita sombras
En las puertas
En las plantitas que crecen en las grietas
La
ropa está doblada arriba de la cama
No hay planes
Sólo el de cerrar valijas
Y despedirse sin despertar a nadie
Afuera
deja un pullover
La taza del café que se atraganta
Mientras la radio encendida anuncia
la sensación térmica
y un tango sin enlace con el resto se corta
cuando la puerta invierte el movimiento
y se abre.
II
Mira
la copa de los árboles
su dedo índice apunta a su nariz y escarba
el ruido de la uña que rasga el tabique
se escucha
el viento en los eucaliptos
tuerce y no tumba árbol
arriba
cae un nido
lluvia de hojas
viaja en remolinos
olor a otoño
todo muy lindo.
Agustín
Privitera: Nació en Bell Ville y tiene 28 años.
Vivió en Córdoba desde el ’95, y ahora reside
en Bs. As. Escribió para Fe de Ratas, estudia cine y filosofía
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Ana
Bustos
El extraterrestre rompecorazones
Como
me gustaría conocer tu planeta.
Me tomaría una nave por el cospel,
llegaría con una nube de tierra lejana, se disipa y
como por magia aparece tu cuerpo y tu cara que también
me espera.
Ya
no hay misterio
En
el fondo, todas queremos ser blancanieves.
Ella nunca dio un beso con lengua, nunca supimos
de su aliento y eso es lo que encanta.
“Las historias siempre terminan cuando se besan”
¡Qué mentirosas son las novelas!
Sugiero que nos tomemos una cerveza y seamos amigos
para siempre.
Sexo...?
¡No!
¿Por qué no?
Eso es lo que encanta. Ser un misterio y una fantasía.
Blancanieves en bolas. Una histérica rosadita.
Parafernalia
Así
me quería llamar cuando tenía siete años
Parafernalia: suena tan lindo. Femenina.
Delicadamente loca, de rimel corrido por la
lágrima de amor.
Sinceramente loca y solitaria
con aire de chica de cine “z”.
Blanca, despeinada, linda
y siempre con un cuarto de cerebro sano.
Ana Bustos: Nacida en el ’86 en Minas Gerais,
Brasil, reside en Córdoba desde los siete años. Estos
textos son la resultante de su primer taller literario.

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